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Conclusiones. V Jornadas Patrimonio Cultural e Innovación Social.

publicado a la‎(s)‎ 26 abr. 2017 0:05 por La Ponte   [ actualizado el 26 abr. 2017 0:19 ]
Jesús Fernández Fernández

El pasado 21 y 22 de abril de 2017, entre Madrid y Villanueva de Santo Adriano (Asturias) se celebraron las V JORNADAS-PATRIMONIO CULTURAL E INNOVACIÓN SOCIAL tituladas este año “LA GESTIÓN COMUNITARIA DEL PATRIMONIO CULTURAL: MODELOS Y HERRAMIENTAS”. Estas Jornadas han sido organizadas por La Ponte-Ecomuséu, Medialab-Prado (Ayto. de Madrid), el proyecto “Hesiod” y la Fundación Valdés Salas (Universidad de Oviedo), y han contado con el apoyo del Ayto. de Santo Adriano.

Las V Jornadas han estado centradas en la gestión comunitaria, como una forma alternativa y/o complementaria a la gestión pública y privada de los recursos culturales y en particular del patrimonio. En contraste con otros países y regiones, como América Latina, este tipo de modelos de gestión no están tan desarrollados en el estado español. Sin embargo sí existen algunas experiencias, que han tratado de reunirse a lo largo de estas Jornadas, como la Casa Rey Heredia de Córdoba, el proyecto Patrimoni – PEU, de la Universitat Jaume I de Castellón o la asociación Bertsozale Elkartea de Euskal Herria entre otras.

Las jornadas tuvieron un desarrollo teórico-práctico. En ellas se reflexionó sobre los problemas, fortalezas y debilidades de estos procesos, analizando la evolución de cada caso en el tiempo. Además, se llevaron a cabo unos talleres prácticos en los que se mostraron las metodologías de trabajo que utilizan algunas de estas organizaciones en su quehacer cotidiano.

Finalmente, a través de varias mesas redondas se pusieron ideas en común y se extrajeron unas conclusiones que continuación se resumen sucintamente.

En primer lugar se llegó a la conclusión de que los diferentes proyectos e iniciativas de gestión comunitaria deben hacerse visibles más allá del ámbito del activismo y/o su entorno más directo. Generalmente los movimientos sociales, de los que surgen principalmente este tipo de iniciativas, son espacios de convivencia entre personas con un alto grado de afinidad, que manejan lenguajes, repertorios simbólicos y costumbres poco entendidas o directamente desconocidas fuera de estos ámbitos. Esto provoca que gran parte del trabajo de las organizaciones comunitarias sea desconocido para la sociedad y para las instituciones públicas, las universidades o los partidos políticos; no entienden que existan más opciones que la gestión estrictamente pública o privada de los recursos culturales, y en particular de algunos tipos de patrimonio. Estos modelos en ocasiones son infinitamente más eficientes que las alternativas, como se ha demostrado a través de alguno de los casos analizado en las Jornadas. Sin embargo su impacto mediático y a nivel de opinión pública es escaso, débil y a menudo está mediatizado por discursos que satirizan, ningunean o directamente desprecian este tipo de modelos, como también pudo verse a través de algunos ejemplos.

Para salir de este ámbito y explicar el significado, valor e impacto que este tipo de proyectos e iniciativas en realidad tienen es necesario el uso de un lenguaje común. Esta es otra de las conclusiones a las que se ha llegado. Estamos demasiado acostumbrados a escuchar que la innovación es un patrimonio de las empresas tecnológicas o las universidades, olvidamos que las innovaciones más decisivas y necesarias son aquellas que se producen en el sector social, pero normalmente desde este ámbito no se reivindican como tales. Sin embargo, las experiencias analizadas siempre tienen unos factores en común: son innovaciones sociales, que crean nuevas soluciones, bien sea como productos, servicios, modelos, procesos, etc., que cumplen de forma más sostenible, justa y mejorada con unos objetivos de conservación, gestión, difusión o puesta en valor de algún tipo de patrimonio cultural. A la vez cubren necesidades sociales, como el acceso a la educación, la ciencia y el conocimiento, la cultura, la participación, el empleo, etc. Y además con ello contribuyen a crear nuevos tipos de relaciones que mejoran la capacidad de la sociedad para actuar, incorporando a la ciudadanía como agente activo en los procesos de innovación (Fernández Fernández, 2016).

Sin embargo en pocas ocasiones estas organizaciones se auto-denominan a sí mismas “innovadoras sociales” o “creadoras de nuevas tecnologías sociales” o de “ecosistemas de innovación social” o de “spin-off", cuando en realidad hacen todo eso y mucho más. La única diferencia es que estos logros no se producen dentro de un ámbito científico-técnico, sino social. Por ello se ha coincidido en la necesidad de que las organizaciones comunitarias se muevan en un “universo” conceptual común, similar al que utilizan las empresas de base tecnológica o las instituciones públicas, que facilitaría comunicar el valor de su actividad en conjunto y mostrar de forma más efectiva el impacto real que generan en la sociedad, imposible de determinar analizando caso por caso. La unión hace la fuerza, también la discursiva.

El resultado de las Jornadas se publicará en el número de la revista Cuadiernu de 2017, que edita La Ponte-Ecomuséu con la colaboración de la Fundación Valdés-Salas y otras instituciones y organizaciones.

Bibliografía citada

Fernández Fernández, J. (2016): “Proyecto HESIOD. Definiendo e identificando ecosistemas de innovación social-patrimonial”. PH. Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº 90, pp. 236-239.