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El paisaje toponímico de Villanueva y otros nombres de Santu Adrianu

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2013 6:06 por La Ponte   [ actualizado el 19 nov. 2013 10:49 ]
En esta nueva entrada presentamos los resultados del trabajo que La Ponte-Ecomuséu propuso realizar a Xulio Concepción Suárez, y que fue presentado en el ciclo Historia, Arqueología y Folclore de Santu Adrianu (17/11/2012).

Precisamente uno de los objetivos de nuestro Ecomuséu es fomentar la investigación y estudios locales, como el que se presenta. Conocer mejor todo lo que nos rodea es el primer paso de cualquier proyecto o programa de puesta en valor. Y sobre todo si hablamos de la cultura inmaterial, como es el caso de la toponimia, quizá el aspecto más frágil de la cultura tradicional de Asturias. La identidad campesina se desintegra y con ella todo el código cultural que dotaba de sentido y orden a sus territorios. Urge más que nunca recoger y estudiar toda esa memoria y saber popular, para que no se pierdan definitivamente. La toponimia no solo son simples denominaciones de lugar, sino todo un manual de gestión sostenible del territorio y una guía antropológica de la cultura tradicional de Asturias… todo eso, y mucho más. Dentro de ella, es la etimología la encargada de estudiar el origen de los nombres de pueblos, prados, montes, ríos... es todo un ejercicio de interpretación del territorio que aporta datos muy interesantes desde el punto de vista histórico y cultural. Y en etimología, Xulio Concepción es un gran experto.

Trabajos como el de Xulio nos ayudan a avanzar en la dirección propuesta: engarzar las tareas de investigación, con las de difusión y puesta en valor de la cultura tradicional. Gracias al autor por su labor y esfuerzo desinteresados.

Xulio Concepción Suárez es miembro del Consejo Científico Asesor del La Ponte-Ecomuséu de Santu Adrianu.

El paisaje toponímico de Villanueva y otros nombres de Santu Adrianu

Por Xulio Concepción Suárez

Anotación toponímica.

A poco que escuchemos a unos lugareños en conversación ordinaria, cuando reflexionamos un poco sobre el uso que hacen con sus nombres de lugar, llegamos a la conclusión de que la toponimia es un lenguaje: para ellos los nombres de sus fincas, montes, caminos…, son un aspecto más de su lengua asturiana en cada zona, o más o menos castellanizada según los casos. El inmenso mosaico de nombres que recubre las caleyas de un pueblo, las laderas del río, los altos de sus montañas…, forma todo un denso diccionario oral que no tiene desperdicio por los matices que incluye a cerca de la vida del pueblu, del valle, del conceyu. Basta escuchar a los nativos y nativas de los pueblos, aunque mejor apuntamos esos nombres, pues con ellos se están borrando del paisaje, si es que no se recogen y escriben todos antes.

Ese lenguaje toponímico es, por tanto, un aspecto más de la forma que tuvieron de comunicarse nuestros antepasados, desde remotos tiempos preindoeuropeos hasta nuestros mismos días. Dice el autor francés Éric Vial que entre los años -20.000—30.000 a. de C.-, se pueden suponer los primeros nombres que aquellos paleolíticos aplicaban al terreno para diferenciarlo según sus cualidades, usos, funciones: lugar de plantas, animales, aguas, supuesta estancia de los dioses… Por tanto, ya desde tiempos preindoeuropeos, los nativos o los que llegaban de paso, iban dando nombres al suelo según ellos lo contemplaban y usaban para comunicarse entre sí.

Un lenguaje enriquecido con los siglos y sus innovaciones tecnológicas en cada tiempo. Ese gran mosaico de palabras del terreno (cientos, miles…, en cada pueblo, monte, valle…) lo fueron completando cada una de las culturas que vinieron detrás sobre el mismo territorio habitado: indoeuropeos, celtas, germánicos, romanos, cristianos, árabes, medievales, renacentistas… Y hasta hoy mismo seguimos poniendo nombres al terreno que usamos (o contaminamos): L’ Aparcamientu, El Merenderu, L’Astación, El Campo Fúbol, El Basureru… El lenguaje toponímico es otra forma complementaria de comunicación en todo tiempo, y seguirá creciendo (menguando a veces) mientras se use el terreno para funciones distintas.

Un lenguaje toponímico universal, globalizado, glocalizado, que se dice ahora

En consecuencia, analizar el lenguaje del suelo en un pueblo supone descubrir su pequeña o gran historia: su vida interna escrita con palabras orales por cada una de las culturas que se fueron sucediendo como pobladores o invasores del paraje. En los nombres del pueblo está tallada oralmente la vida diaria de miles de generaciones: sus lugares de la vivienda, las zonas del agua, los diversos frutos, los sembrados, las costumbres comunitarias, los peligros del terreno, los caminos, las zonas húmedas y secas, los lugares de culto, los posesores o usurpadores del terreno, las leyendas, los mitos… La vida misma de un poblamiento: la intrahistoria del pueblo, que decía Unamuno.

Sirvan unos cuantos ejemplos de Villanueva, algunos (la mayoría) con resonancias mucho más allá del pueblu y del conceyu. Las mismas raíces toponímicas, a veces incluso los mismos nombres completos, se dan en la parroquia vecina, en el pueblo de al lado, en los montes las brañas de otros conceyos, en otras partes de la geografía peninsular, en otras lenguas, en otros países con sus versiones idiomáticas correspondientes.

Pero las raíces son las mismas: palabras como villa, nava, barro, mata, abedul, límite, cruz, helechos, bustio, viña, cal, malatu, cortina…, las encontramos disfrazadas con otros fonemas y grafías, si nos fijamos un poco en los letreros de carretera cuando viajamos por Asturias, o vamos a otras regiones o países mucho más allá de estas montañas y fronteras regionales. El lenguaje toponímico es local: es la misma historia milenaria de los nativos. Pero tiene una dimensión universal: es la historia del poblamiento humano en cada valle, en cada braña, en cada pueblo concreto, en cada barrio del pueblu mismu.

El paisaje toponímico de Villanueva y otros nombres de Santu Adrianu

Esquema de trabayu por campos de formación a lo largo del tiempo
AlturasEl MogoteLos Picaratiellosprerr. *m-k- (saliente, colina)céltico, *pikk- (punta de montaña, peña)
Formas del terrenoAndrúasDosango

Los Foxacos

Los Novalinos

Pena Rey

Vega‘l Rey

lat. antru (cueva); ater, *atrina (ciruela negra)lat. dorsum (espalda), prerr. *-ank- (dimin.)

lat. fovea, *foveum (excavación, poza)

lat. novus, novalis (tierra nueva, roturada)

prerr. *rek-, *reik- (riego, arroyo)

prerr. (i)baika (vega junto al río), *rek- (riego)

Naturaleza  del sueloL’ArcelladaLos Barrusos

Les Llameres

La Llerona

Los Veneiros

indoeur. *arg- (brillante, reluciente, arcillosa)prerr. *barr- (agua, lodazal)

ind. *lama- (humedal), celta, *lem- (olmo)

celta, *lar- (suelo), lat. glaream (pedregal)

lat. venam (veta, filón)

Las dimensionesLos TaconesEl Valle Grandeonomat. *tak- (tacón), gótico, *stak- (estaca)lat. vallem grandem (valle mayor)
Posición del terrenoCaúzoLes Escaleres

Matalladrona

Tenebréu

La Villa Fondera

tal vez, caput ostium (cabeza de la entrada)lat. scalam (escala, escalera)

prerr. *mat-t- (matorral), lat. later (lado)

lat, tenebrae (tinieblas, oscuridad)

lat. villam fundam (villa, parte fondera)

Agentes del entornoLa FonfríaEl Cantu’l Xiblulat. fontem frigidan (manantial fresco)prerr. *kant- (roca, saliente), sibilum (silbo)
Imaginación popular,
matáforas
La BerrugaEl Cabezu

El Golipu

El Serrón

prerr. *barr- (altura, montículo)lat. caput, capitium (cabeza, saliente)

lat. gulam (garganta, cuello)

lat. serra (sierra, terreno aserrado)

Rocas, las piedras...Las CarangasLos Cáscarosprerr. *kar- (roca), prerr. *ank- (curvo)lat. quassare, *quassicare (quebrar, romper)
Colores del sueloEl Campón del ColoráuPeñobalat. colorem (colorido, con color)celta, *pi-n- (peña), indoeur., *alp- (blanco)
AguasLa Fonte l’ArbizLlavares

La Madrada

La Veiga

El río Trubia

tal vez, celt *vroicos (brezo) / agrum Vitiusindoeur. *naw-a (valle, hondonada)

indoeur. *m-t-r- (origen), lat. matrem (madre)

prerr. (i)baika (vega junto al río)

indoeur. *ap-, *ab- (agua), trans (más allá)

PlantasAcebosL’Alguera

El Picu la Encina

El Prunacu

El Reboyéu

La Violal

lat. aquifolium (hoja aguda)lat. alga (cosa menuda, mofo)

lat. ilicinam (encina)

lat. prunum (ciruela, endrino)

lat. pullum (brote), *repullum (retoño)

celta, *bet-, *bed- (abedul)

AnimalesLes BoviesLes Cabriteres

Las Curuxas

Les Raposeres

lat. bovem (buey, ganado bovino)lat. capram (cabra)

lat. corugia (lechuza)

lat. rapum (rabo), de los raposos

Vestigios históricosEl Cantu CastielluCastro Mayorindo. *kas-t-r (cortar), lat. catrum (castro)lat. castrum maiorem (fortificación mayor)
ViviendasLes CabañinesLa Casina

Traslatabierna

Villanueva

celt. *kapp- (capa), lat. capannalat. casa (choza, cabaña)

ind. *tab- (roca), lat tabernam (choza)

lat. villam novam (villa nueva, separada)

OficiosEl CaleiruLa Falagua

El Pisón

La Polea

Los Telares

lat. calcem (piedra caliza)lat. faber (artesano), fabricam (que produce)

lat. pinsare (golpear)

gr. polídion (eje), lat. vg. *polidia

lat tela (tejido)

CostumbresLa Cueva’l MalatuLa Guariza

El Güertu la Sarna

La Mesnaoria

La Mortera

lat. malem (enfermedad, malatería)lat bovem (buey, bovino), *bovaricea

lat. hortum (huerto, recinto), lat. sarna

tal vez, lat. mansum, mesnada (tropa)

lat. morare (permanecer), *mortuaria (m. muert)

Límites territorialesLlindalaspavíasEl Llindiónlat. ciudad de Pavía (origen del piescu)lat. limitare (lindar, separar)
Caminos, pasosEl BoLa Caleya

La Crucina

Cualvieyu

Les Encorceyaes

La Rodada

El Trabe

La Venta

prerr. *bad- (vado, zanja, paso de río)lat. callem, callicula (calle pequeña)

lat. crucem (cruz, encrucijada)

lat. covam (cueva), veculum (camino viejo)

lat crucem, *crucicula (encrucijada)

lat. rotam (rueda)

lat. trabem (madero, viga)

lat. vendere, venditam (vender)

BrañasLa BrañaBrañavieyalat. vg. veranea (tiempo de verano)lat. vg. veranea vecula (braña antigua)
RozosLes BardiesBusecu

La Escaldaona

Les Felechoses

La Gorbiz

El Mansu

La Quemada

Valdarrozas

prerr. *bar- (agua, orilla, matorral)lat. bustum (quemado), lat. siccum

lat. ex calidam (muy quemada)

lat. filictum (helecho), filictosa

calta *vroicos (brezo)

lat. mansum (apacible, domesticado)

lat. cremare (quemar)

lat. vallem rumpere (romper), *ruptias

ProductosLlanostruébanosCastañéu del Monte

Los Niserios

La Collecha

Les Viñes

lat. planus (liso, llano), germ. *thraúhslat. castanea, lat. montem

lat. myxa (ciruela negra)

lat. collectam (recolección, cosecha)

lat. vinea (viña)

ParcelasLes CortinesLa Peadalat. cohortem (recinto, corral)lat. pedem (pie, paso a pie)
PersonajesTuñónValdolayéslat. Antoniu, *Antonionus (posesor)lat. vallem Eulalius, Eulalia (Olaya)
Santos, el cultoLa CapiyaSanto Adriano

Sabadía

lat. capellam (capa pequeña)lat. Sanctus Adrianus (de Hadria, Adriático)

lat. ipsa abadía (la abadía, del abad)

Creencia y mitosLas Xanaslat. Diana (diosa de la caza)

Una pequeña guía para la interpretación de otros muchos nombres de lugar, iguales o parecidos. El lenguaje toponímico, sin más. Otros topónimos de Villanueva

A modo de ejemplo, por tanto:

Adréu, L’. Suelen ser lugares propicios a la yedra, antes muy utilizada para el ganado en el invierno a falta de yerba: edrás eran las cargas, gavillas de yedra. Latín hederam (hiedra), *hederetum (sufijo abundancial). En algún caso, caben otros orígenes.

Arbiz, L’. Tal vez, el nombre de una planta: los gorbizos. Del celta *vroicos (brezo). O del nombre personal: agrum Vitius (el campo de…).

Ardisanas, Las. Voz rara por escasa. En principio existió un antropónimo galo Ardus (citado por el francés Dauzat), matizado luego con diversos sufijos. Serían las tierras del posesor. También cabría la raíz prerromana frecuente en vascuence, *sartz (arto), suelos con artos en sus orígenes. Hay Ardisana, todo un valle grande, en Llanes.

Arquera, El Valle l’. En lugares con este nombre suelen aparecer vestigios históricos, tipo enterramientos, túmulos… Ya en griego, árka (sepulcro), latín arca.

Barboléu. Voz escasa también. Pudiera referirse a una maraña de matorral, por semejanza metafórica con una ‘barba espesa, tupida, mala de transitar’. Lat. barba. Eran lugares aprovechados como leñas, combustible.

Barrera, La. Tierra muy húmeda en ciertas épocas, barrizosa, tardía para trabajar en primavera. Por su humedad, no eran aptas para todos los cultivos. Raíz prerr. *barr- (agua, lodazal).

Boscones, Los. De la raíz prerromana *bosk- (bosque), o del latín vescam (espesa, tupida de matorral). Es el origen del vescón: lugar al lado de las cuadras, donde se metía el ganado durante la noche, los xatos...

Brañasconil. Podría ser una braña vesconil: entre viescas, que tiende al matorral…

Buyera. Recuerda las abundantes boyas asturianas: terreno con montículos, y paso entre esas lomas a veces. Ya en el indoeuropeo, *bad-, *bodia (zanja, hondonada). Podría tratarse también de una referencia a los bueyes, al ganado bovino: lat. bobem, como las boyerizas, las buerizas, guarizas…, los pastos mejores para los animales del trabajo o de la leche.

Caleiru, El. Era el lugar donde se cocía la piedra caliza para hacer cal: usos en las tierras de sembrar, arbolados, construcciones de casas… Lat. calcem (piedra caliza).

Cancellina, La. Solían ser el lugar donde se cerraba para que el ganado no entrara en los pastos o tierras acotadas por temporadas: morteras, cortinas, irías… Se ponía una portilla, cancilla, canciella, cancietsa, que tenían buen cuidado de respetar, pues el ganado causaría grandes destrozos, y había que vivir de los productos inmediatos, no se podían comprar otros, si no se sacaban de la tierra. Lat. cancellam.

Carbayosas, Las. Los lugares de los carbayos: los robles con sus abundantes bellotas para uso animal y humano. Hasta se hizo pan de bellota –dice Estrabón-. Toponimia muy abundante por toda la región, aunque con otras raíces también. Raíz prerromana, tal vez ya preindoeuropea, *kar-b- (roca, planta dura), de donde también la palabra carba (lugar de matorral bajo, duro, espeso, difícil de erradicar, pero que da mucho calor para el fuego como leña, carbón vegetal…).

Caxumenende. El posesor Menende (germánico Menendus) parece claro en el topónimo. Los primeros componentes están más difusos: tal vez, lat. qua (cerca de), y sub (debajo de…). Sería el lugar que está cerca y debajo de la posesión de Menende, Menéndez...

Cericéu, La Veiga. El lugar propicio a las cerezas, muy apreciadas antes todo el verano entre las escasas frutas que había que aprovechar para todas las ocasiones dentro y fuera de casa: hasta había una preocupación en primavera temprana por localizar cerezales floridas por los montes y los bosques, para luego poder encontrar la misma cerezal cargada de cerezas en verano; lo dice el refrán: “Quien a cerezas quiera andar, en marzo las ha de catar”. Lat. ceresia.

Cerra, La. Lugares alomados. Lat. cirru (moño, cresta). Se dice que por interpretación del lomo de algunos animales, algunos con pelaje, rizos abundantes. Las cerras eran apreciadas por ganaderos y ganados en primavera y otoño, sobre todo, pues suponían los primeros pastos libres tras el invierno, antes de subir a los puertos; y los últimos tras el verano, antes de bajar a encerrarlos en el poblado.

Chocolatera, La. Una de tantas metáforas del terreno, por la semejanza a una figura de la casa: empozada, retirada de los vientos, caliente en ciertas épocas, preferida por los animales para el sesteo o la pernocta.

Collaín, El. Del lat. collem (collado, altura pequeña); otras veces, de collum (cuello, paso estrecho entre colinas). Está en masculino, cuando es más pequeño; en femenino, collada, cuando es mayor, mejor, más espacioso (el llamado género dimensional, lo femenino, siempre mayor, más productivo…).

Corraínas, Las. De la raíz celta *kor-r- (cercado, construcción circular). Se aplicó luego a todo tipo de cercados para la protección de personas y animales: para la defensa en los altos, para vivir, para los sembrados...

Covaratos, Los. Del lat. cavam (hueca), *cova (cueva). La referencia a las cuevas se aplicó a numerosos parajes, aunque no tuvieran exactamente una cueva real en la peña: simples lugares empozados, concavidades diversas en el suelo, zonas de alberque en las rocas para los días de temporal… Muchos sufijos para matizar la cueva: despectivos, en este caso (cuevas pequeñas, tal vez enmarañados…).

Crucina, La. Otra metáfora del paisaje: una encrucijada de caminos, en este caso. Lat. crucem, símbolo religioso que se aplicó a muchas situaciones, siempre con el objetivo más o menos manifiesto de santificar el paraje: límites entre pastos, parroquias, conceyos… Siempre que se cruzaba una línea divisoria, se ponía el nombre de la cruz y, a veces, hasta se reforzaba con una cruz de madera, para atestiguar la importancia del límite, sobre todo en tiempos de tantas discusiones por los pastos. En el caso de los entierros, se hacía un alto en un cruce de caminos, que el cura aprovechaba para hacer un responso, pasar el cepu para los donativos… Todo en nombre de la cruz...

Cualvieyu, La Cua’l. Lo de Vieyu suele referirse casi siempre a un camino antiguo, principal, vía romana a veces, o derivación de una vía importante. Se interpretó en ocasiones como referido a un vieyu famosu del pueblu, pero suele ser simple interpretación popular con ese sano deseo de justificar los nombres de lugar.

Cuadrazos, Los. Los cuadros, cuadriellas, mediascuadriellas…, eran en algunas zonas parcelas asignadas a cada vecino para sembrados o para pastos, de ahí tantos topónimos regionales; semejantes a los cuartos, cuartinos, leiras, suertes…. Solían ser equivalentes a un día güeis (unos mil metros cuadrados), considerados suficientes para el pan de una familia (muy poco, pero no había más espacios para tantos vecinos entonces). En el caso de los pastos, más bien equivalían a las vacás (el pasto de una vaca en la temporada). En algún paraje concreto, pudiera referirse también a la forma del terreno, más o menos rectangular, cuadrangular….

Cuallacín, El. El primer componente, lat. cavea, covam (cueva), por la forma del terreno, reducido a Cua-, por ir en posición átona; el segundo, tal vez el nombre de un posesor romano tipo Lacius, Flacidus…, en genitivo latino. Es muy frecuente: Cuallagar, Cuamoros, Cualmayor… Las cuevas eran muy apreciadas por los lugareños décadas atrás, cuando cuidaban el ganado en el monte, con las veceras sobre todo; el ganado se movía y no había cabañas por todas partes; por eso se cobijaban en las cuevas y covachas que encontraran de paso: días de lluvia, frío, nieblas, noches obligadas por el parto o el extravío de una res…

Entregual, La. El prefijo entre está a la vista; el segundo componente parece el asturiano agual: canalizo para tomar agua de riego, presa en general, desagüe de un camino a una finca… Sería la tierra que está entre el agual, delante del agual… Estos canales en los caminos eran muy cuidados porque evitaban que el agua bajara por ellos y los destrozara; por eso, los aguales (aguatochos, en otras zonas) desviaban el agua a las fincas colaterales.

Espina, La. Del lat. spina (espina, espino), aplicado en sus muchas acepciones y usos: zona de espinos, espineras que daban frutos y se comían, monte bajo de matorral… Las flores de la espinera se consideraba medicinal: calmante, depurativa… Y la madera se usaba para algunos utensilios de la casa por su dureza y resistencia al agua, a la polilla, daba mucho calor en la lumbre del fuego del llar…

Estayón, L’. Una estaya es en asturiano una ‘franja de terreno’, asignada a cada trabajador o trabajadora en una finca de segar o en una tierra de semar, sobre todo cuando se recogían los frutos en andecha, en común, en facendera. Lat. stadium, stadia (medida del camino, 125 pasos).

Estrecha, La. Lat. strictam (estrecha). Son lugares de los caminos, sendas, senderos, canalizos, foces…, donde hay un paso obligado por lo menos malo y estrecho del paraje.

Falagua. El segundo componente es claro, pero el primero más difuso: tal vez, la faya, la fuente…, del agua, cerca del agua. Lat. fagus, fagum (haya, fruto de la haya, fayucu, faúcu). El hayedo junto al agua.

Folgueras. Son las Felgueras comunes: las tierras de los felechos (folgos, en algunas zonas), tan apreciados antes como mullido de las cuadras, que producían un cucho muy útil como abono en los sembrados. Lat. filictum, medieval *filicarias (las tierras que producían mejores helechos). Las familias más pobres, que no tenían vacas, hasta se veían obligadas a segar felechos en el monte y echarlos en los caminos barrizosos cerca de las fuentes, para que el ganado los pisara y mezclara con las bonicas (boñigas), y así luego poder recogerlos en forma de cucho y llevarlos en cestos a su pequeño güerto o tierra de semar. Con ellos la tierra produciría más berzas, fabas, patatas… Hay muchos ejemplos en cualquier toponimia: La Felguera, Felechosa, Filgueira…

Fontascu, El. Una fuente pequeña, tal vez de temporada, poco abundante, considerada de menor calidad. El género dimensional: lo masculino peor que lo femenino; el sufijo despectivo refuerza el género de la palabra misma.

Frailes, Tras los. Lugar detrás de la posesión de los frailes, tal vez en relación con el monasterio correspondiente.

Gaméu. Hay muchos nombres con esta base en la toponimia regional. En casi todos se comprueban formas del terreno cóncavas: arriba, abajo, por el medio… Se supone la raíz celta *kam-b- (curvo, encorvado), aplicada a los suelos en este caso, y a otros utensilios antiguos: la cambiella, la cambietsa, por ejemplo (el arado prerromano de una simple vara curva con un palo grueso para cortar la tierra).

Granxa, La. En sus orígenes, un sentido muy distinto a la granja actual. Se supone ya el preindoeuropeo *kan-t-, *kan-d- (roca, piedra), luego ganda, gándara, granda…, en sucesivos cambios fónicos y gráficos. En principio, lugares de piedra, rocas, a veces sólo detectadas cuando se ara la tierra o se excava para algo.

Güerta la Pareya, La. Puede hacer referencia a las pareyas, parexas, de bueyes o de vacas para arar la tierra, sea por una medida agraria (lo que ara una pareya en el día), sea por un derecho de paso por una calzada de esa güerta…

Liberata, La Pieza la. Parece en relación con el antiguo liberatorio: con poder para eximir, liberar de una carga, impuesto… Había muchas fincas en estas situaciones jurídicas, cuando dependían de monasterios, señoríos, iglesias parroquiales…, caso de Las Rogás, L’Aforamiento, Los Mansos, El Mensu, La Senra, El Preu la Ilesia… Situaciones distintas en cada caso.

Llebia, La Fonte la. En parte del asturiano, una llebia es una plancha de nieve que permanece muy dura por un tiempo en la pendiente. Y en romance antiguo, una gleba fue un simple ‘terrón, un trozo de terreno’. En el caso de La Llebia sobre El Desfilaeru las Xanas, podría tratarse de una fuente en zona rocosa, sombría, en lugar saliente; o en un pequeño terreno que destaca entre tantas rocas, donde está la fuente sobre el camino angosto del paso a los altos de Pedroveya; muy apreciada antes por los vecinos de estos pueblos cuando transitaban a pie los caminos, con cargas, animales. Lat. glebam (terrón, terreno, campo).

Llongar, La. El adjetivo antiguo es evidente: longo, longitudinal, prolongado… Lat. longum (largo). Las fincas se trazaban muchas veces alargadas (como tablas), mucho más largas que anchas por razón de los sembrados: la parexa de animales tenía que aprovechar la longitud de la finca para dar las menos vueltas posibles, siempre más o menos dificultosas y con pérdida de tiempo; cuantas menos vueltas, menos trabajo y más sembrado. De ahí tantos Tablao, Los Tableros…, siempre metafóricos, claro. En otras ocasiones, las fincas eran alargadas porque se aprovechaban hasta las últimas cintas posibles entre las peñas, a lo largo de una ribera del río, en una pendiente un poco más apacible… En cualquier caso, ni una franja estrecha quedaba sin producir en el monte.

Llucia, La. Un adjetivo aplicado a una peña porque servía como referencia en el contorno: lat. lucidam (brillante, resplandeciente, clara, lúcida…). Estas peñas brillaban especialmente con la lluvia o con el sol, destacaban en la distancia, y por ello servían de referencia a los nativos para orientarse, precisar la localización de animales… Eran signos de comunicación también.

Llunar, la Fonte. Un topónimo tan raro también como sugestivo y conocido. Pudiera ser el mismo caso de Luna, Barrios de Luna, Sena de Luna… Incluso la misma raíz pudiera estar el origen de Luarca, Luiña (en Ibias y en Ciuideiru)… Resulta difícil una relación con la luna, por mucho que tenga sus influjos y reflejos en el agua, los ríos, los lagos… Existió el antropónimo galo Lunus, latín Luna (citados por el francés Dauzat), pero no parece adecuado al caso de referentes con agua. Como último recurso hasta la fecha, se suele citar la raíz indoeuropea *l-n- (corriente de agua), que se da en todos los lugares de este campo, como propone Moralejo Laso siguiendo a Pokorny. No hay una última palabra aquí.

Matéu, El Río. Tramo del río Trubia a su paso por Villanueva. Si hubo metafonía en esta zona, como se deduce de L’Adréu (y no L’Adráu), Barboléu (y no Barboláu)…, pudiera tratarse directamente del adjetivo matáu, matéu, con referencia al paso de un río ya en calma, sosegado, canalizado…, una vez superados los desniveles quirosanos, teverganos… Un río ya con las aguas en calma, sin los desastres que tiempo atrás podría motivar desbordado por las riberas en suelos más pendientes cauce arriba. Tampoco parece apropiado para un río el antropónimo Mateo.

Mazarrón, La Cueva’l. En romance antiguo un zaharrón era ‘una persona estrafalaria, disfrazada’, que se suele relacionar con el árabe sahr (burlarse). Como se trata de una cueva, tal vez se refiera a una de tantas aventuras de hombres de paso por los pueblos que, a veces, se quedaban a vivir en el monte, a pedir por las casas, divertían a la gente, contaban leyendas…

Mendesurias. Parecen dos antropónimos asociados: Méndez y Surias, ambos documentados bajo muchas formas (Méndez, Meléndez, Mende…, Sura, Surius, Suria…). Un propietario sin más.

Mesnaoria, La. En romance medieval una mesnada era una tropa, por lo que en zonas pastoriles se interpretó como rebaño. Lat. mansum (apacentado, domesticado), en referencia a zonas de pasto.

Olla, La. Otra designación metafórica del terreno con la idea familiar de un utensilio de la casa: una zona del río en la parte que había una poza, olla figurada, muy útil tiempos atrás en los pueblos, para pescar, bañarse, meter animales a curar heridas con las aguas…. De la poza del río, el nombre se extendió al terreno próximo. Lat. ollam (tarreña, marmita, puchero). Es el mismo origen de tantas otseras junto a las cabañas en las brañas: la fuente donde se ponía a enfriar la leche, las mantegas… Una de tantas metáforas toponímicas de nuestra rica geografía regional.

Pandu, El. En asturiano, un pando, un pendu, es un lugar en hondonada y en alto a la vez; los platos pandos son los más hondos, profundos, los de la sopa; y apandar es aplanar a uno, darle una paliza, hundirlo, calmarlo…; se dice sobre todo para los animales más bravos. Lat. pandum (cóncavo). Losa pandos siguen siendo muy preferidos por el ganado que pasa el invierno y la nieve en los montes: como son cóncavos, se refugian allí de noche, se cobijan de las tormentas, toman el sol al mediodía…

Payarona, La. Es el caso más evidente de una traslación del sentido de una palabra a otra: un payar antes nunca era de yerba, sino de paya; es decir, se aprovechaba la paya de la escanda, el centeno…, para alimentar a los animales (como los palleiros occidentales y galegos); la yerba era muy escasa, pocos podían tener praos, porque todo se aprovechaba para sembrar; los menos pudientes sólo tenían una vaca, dos…, poco más. La Payarona sería la tierra grande de sembrar cereales y de producir paya, que incluso se vendería a buen precio, cuando sobraba a los terratenientes. Lat. palea (paja). Las tierras de semar, antes hasta en las carbas más montaraces, se fueron transformando en praos, a medida que los productos ya venían de Castilla: entonces, en los payares ya se echaba la yerba. De ahí el cambio de referencia, pero con el antiguo nombre conservado.

Plagón, El. En asturiano un pielgu es ‘una poza del río; es decir, la misma raíz que dio el archipiélago (varios islotes rodeados de mar, o mejor, varias zonas de agua entre islotes). En estas pozas de los ríos se bañaban los más jóvenes antes, sobre todo una vez terminada la yerba. Lat. pelagum (mar, inundación de un río).

Ponte, La. Un caso más del género dimensional tan frecuente en asturiano: lo femenino siempre mayor. Una ponte apreciada, con una función importante en su paso sobre el río: el paso principal entre ambas partes del pueblu. Lat. pontem (puente).

Posaoriu, El. El lugar donde se posaban los zurrones, las butías, las lecheras, las mantegas…, cuando se bajaba del monte a casa. Se hacía una pausa en el camino. Los vaqueros o vaqueras se esperaban en un rellano, con sentaeros y todo, para intercambiar noticias de cada casería, braña…, de la que venían. Luego continuaban camino juntos, o se separaban cada uno a su pueblo, o a sus destinos por las fincas. Pero, antes, se esperaban en el lugar acordado. También se cuentan aventuras, más o menos imaginadas o reales, entre mozos y mozas lejos de la casa… Lat. pausa (detención, pausa).

Pría, La. En asturiano, una prida es una pendiente. Lat. proditam (prominente). En zonas más orientales, una pría es una zona con piedra abundante (lat. petram).

Quintana, La. En asturiano es la casería al completo: casa, horro, cuadras, corripos, corripas, molín, llagar, güertos, güertas… Etimología discutida a partir del lat. quinta (quinta parte), sin poderse precisar muy bien el origen semántico asturiano: división militar, división de haciendas, unidad de medida… Ahí está el caso de Cabanaquinta también.

Rasa, La. Tierra rasa: suele estar en un alto divisorio, donde azota el viento que no permite vegetación mayor… Lat. rasa (raída, lisa, despejada).

Rebregáu, El. Tal vez una variante derivada del lat. ruborem (rubor, rojizo), aplicada al terreno de color ocre o semejante. También podría relacionarse con el río o el campo bregao (roto, resquebrajado, argayoso, argaxaízo), germánico *brikan (romper). Un rivum o agrum *bregatum.

Rozafrián. Una roza era la zona comunal en el monte que cada vecino limpiaba para sus sembrados; más tarde pasó a propiedad privada. El segundo componente podría ser una de tantas variantes occidentales del antropónimo germánico Fredenand, que dio Fernando. Desde Freán se pasó a Frián por simple fonética económica: cierre de vocal y diptongo esperable. La roza de Frián.

Sapu, la Fonte’l. Muchas leyendas, historias fantásticas, anécdotas…, contaban güelos y güelas a nietos y nietas, siempre con la intención de que tuvieran mucho cuidado al beber en cualquier fuente: que miraran antes bien, que no hubiera una sacavera, una culiebra, un sapu… Otra forma de educar para aquellos tiempos, siempre por el monte ya desde bien pequeños, mucho antes de la escuela, si es que la había para muchos.

Sardonizu, El. El sardón, xardón, en asturiano es la parra de acebos, muy apreciada casi todo el año por las ramas siempre verdes que aseguraban alimento de ganado, aún en las mayores sequías y nevadas. Muy apreciada por los menos pudientes, los que no tenían praos ni fincas mayores para la yerba: con ramas de acebos podían tener leche, por lo menos. Por algo se llegó a darle culto en forma de Virxen del Acebu, por ejemplo (origen vegetal de tantos patrones y patronas ganaderos).

Solatambu, La Fonte. Teniendo en cuenta que en los altos teverganos de Banduxu, bajo Calduveiru, está el lugar de Atambo (pequeña braña), hay que pensar en el asturiano sotambu. tumbu, sotambiu…; es decir, un lugar pendiente y montaraz. Raíz prerromana *t-m-b-, en sus diversas variantes fónicas; la misma raíz que dio tumba, túmulo y semejantes, siempre con el sentido de abultamiento, montón. Terreno pendiente, montículo, en definitiva.

Sotarraña, La. Debajo de la tierra. En parte del asturiano la soterraña es la corripa que está debajo de la cabañas del pastor o del vaquero, que dormía arriba; en ella se metía el ganado menor: xatos pequeños, gochos, corderos, cabritos… Lat. sub terram, más sufijo de relación –anea.

Taya, La. En asturiano una taya es un corte, una muesca, una raja, un tajo… Lat. taleare (cortar, rajar). Suelen ser cortes en el terreno, muy verticales a veces, peligrosos, intransitables. En ocasiones se habla de excavaciones para extraer oro, cobre…

Teigón, El. En asturiano occidental un teigo, tego, es una medida agraria: la mitad de un ferrado (unos 50 metros cuadrados); y un teico, un trozo de tierra cuadrado. Tal vez, a partir del gr. theca (caja), presente en el caso de Téifaros (el pueblo de Navia).

Telares, La Vallina los. Posible referencia a los telares: los batanes, aquellos aparejos artesanos pa texer el llinu y la llana. Eran una importante industria artesanal décadas atrás, pues varios pueblos se beneficiaban de un mismo telar familiar, normalmente.

Tordecía, La. En asturiano, tordu es ‘de color oscuro’ (como los páxaros tordos), y se aplica a lugares en los que entra poco el sol en el invierno sobre todo (caso del Tiatordos, en Ponga). Lat. turdum (de color oscuro).

Trabe, El. Un trabe es una mancha de nieve en un punto divisorio de camino o de collada, que se vuelve profunda y muy compacta con el viento y la nieve, de modo que, al llegar la primavera, allí sigue dificultando el paso, o rezumando agua hasta el verano. También en los ríos y regueros se formaban trabes con las torrenteras y los deshielos, desbordando el cauce en ocasiones. Lat. trabem (palo, viga, madero).

Trespuestu. En asturiano existen palabras como la posta, las postas, la postal…, referidas a lugares donde se cambiaban las caballerías de los carros y diligencias; o donde se hacían armaduras para colocar las colmenas, los truébanos, de las abeyas al sol y en lugares estratégicos para las flores y la miel. Sería un lugar ‘detrás de la posta, el puestu’. Podiera tener referencias parecidas con otros lugares estratégicos de funciones diversas.

Troncu, El. Suelen ser lugares muy pendientes, expuestos al viento y las tormentas, donde cada cierto tiempo un vendaval arrasa la ladera que deja llena de troncos. Vuelven a crecer las puyas y hacerse árboles grandes, pero al llegar a cierta altura y peso otro vendaval, décadas después, vuelve a arrancarlos de nuevo. En todo caso, los troncos eran muy apreciados por los lugareños para diversos usos: leñas, utensilios, aperios del campo… Hay una toponimia muy amplia en este campo, por la geografía montañosa asturiana: El Troncaal, Tronceo, El Truncu…

Xugu, Villar de. Tal vez en relación con las xuguerías: tierras de la Iglesia que llevaban en arrendamiento los vecinos. Lat. iugum (yugo).

Conclusiones sobre la toponimia de Villanueva

a) Una serie de raíces prerromanas atestiguan que estos valles fueron primitivamente poblados desde los altos, pero pensando en las fértiles vegas de los ríos y los valles. Es el caso, por ejemplo de Pena Rey (Peña Rey), y del pueblu de La Vega’l Rey, en Tuñón, no por casualidad sobre las mismas aguas del río Trubia. Esa raíz considerada ya prerromana (*rek-, riego, arroyo) no sólo se aplicó a una peña sobre un río, sino que designó un poblamiento levantado en las mismas vegas de un río, siempre más o menos productivo por temporadas (no por casualidad, Trubia de Cenero, en Xixón, también está sobre las abundantes aguas de Aboño). La misma historia del pueblo habla de la Cueva del Rebollal con vestigios de haber sido habitada ya en el Paleolítico superior. Los nombres no están nunca solos, sino reforzados por otros muchos al lado, si los leemos sin prisas y escuchamos a los mayores.

b) Algunas raíces preindoeuropeas atestiguan incluso un aprovechamiento de los productos del paisaje desde tiempo inmemorial, tal vez en esos tiempos paleolíticos que recuerdan esos vestigios de la cueva. Es el caso de Las Carbayosas: el lugar de los carbayos (los robles), que alimentaban de bellotas a personas y animales por todas estas montañas cántabras. Como lo hacen hasta estos mismos días las encinas, en el caso de los xabalinos, los osos…

c) Otras palabras de filiación indoeuropea supondrían el progreso del poblamiento entre estas montañas, al cobijo de las aguas del río Trubia (nombre indoeuropeo también), sobre todo para poder sobrevivir de los peces en invierno y primavera especialmente. Palabras como Les Peñoba, Llameres, Llavares, La Madragona, L’Arcellada, Traslatabierna…, fueron aumentando el mosaico toponímico del paisaje al tiempo que iba aumentando el paisaje colonizado por aquellos primitivos pobladores que lo transformaban en suelo colonizado. Otras cuantas palabras celtas, continuarían el proceso.

d) La cultura romana quedó multiplicada en los topónimos al ritmo de un progreso ya más extendido: a medida que se desarrollan las técnicas agrícolas, ganaderas, artesanales…, por rústicas que fueran entonces, aumentan paralelamente las palabras latinas sobre el paisaje. Son los nombres referidos a la vivienda, las costumbres, los caminos más o menos organizados, las brañas, la roturación de la tierra para sembrar, los productos obtenidos, las parcelas distribuidas, los mitos, las divinidades, los santos, el culto...

e) El paisaje toponímico de un pueblo: el territorio trabajado, socializado, humanizado. Una simple estadística de las referencias de las palabras del suelo indica una evidencia: la mayoría de los campos toponímicos se refieren a la humanización progresiva del paisaje natural, silvestre en un tiempo, montaraz. Los espacios más estratégicos se usaron como lugares de observación, más tarde, viviendas; los más apacibles, soleados, para los sembrados; los más escarpados, los más boscosos, para los animales… Los más productivos, en las vegas de los ríos, en las laderas mejor orientadas, para los grandes señoríos, los monasterios, la Iglesia… El pueblo llano, los menos pudientes, las familias más numerosas con muchas bocas que alimentar, iban rompiendo terrenos con sus nombres correspondientes, hasta donde el suelo les permitía una mínima producción: rozadas, cavadas, borronadas, quemadas… Entre los dos extremos, todo ese gran diccionario multidisciplinar de cada pueblo.

En fin, el lenguaje toponímico de un pueblo va describiendo la historia del poblamiento: primero, cuando sólo se sobrevivía con los recursos naturales. Los nombres más remotos, los relativos al agua, los bosques, las rocas calizas… Poco a poco, surgen los relativos a la domesticación del terreno en lo posible: técnicas del fuego, que recuerdan tatos bustos, Busecu… Finalmente, la organización social va completando el mosaico: los lugares de la vivienda estable, la división del trabajo, la posesión del suelo, los límites, la colaboración comunitaria, la creencia religiosa…

Hoy mismo se sigue colonizando el suelo (para bien o para contaminar, predación / depredación), y se sigue construyendo el paisaje verbal con nuevas palabras: La Ruta las Xanas, La Senda l’Oso, El Parque, La Carretera, El Centro de Interpretación, El Basureru… La toponimia, como la vida misma, como las aguas del río Trubia, sigue también su cauce. Siempre un mismo río, pero con distintas aguas. Siempre un mismo pueblo, pero con distintos nombres en cada tiempo.

Imagen de Villanueva de Santu Adrianu, un ejemplo de paisaje cultural


Otros topónimos de Santu Adrianu: el lenguaje toponímico, que siempre intrigó a los lugareños (de ahí la sana interpretación popular)

Amenadorios, Los. Pudiera referirse a lugares amenos, vistosos, placenteros a la vista y a la estancia en el paraje; a veces, más bien en la querencia sólo de los animales. Lat. amoenus (agradable).

Canxéu. Recuerda la palabra canxilón: vasija, recipiente para el agua, cazu de mangu largu, cacíu. Lat. congius (medida de líquidos). O de canxear: cambiar. Lat. cambiare (cambiar, intercambiar). Pudiera tratarse, por tanto, de un lugar con forma de cazu, empozado, en hondonada. O un cruce, encrucijada de caminos…

Cavaes, Les. Las cavás, cavadas, eran zonas comunales que se hacían en los montes para algunos cultivos (patatas, escanda…): se rozaban, se quemaban las malezas como abono (las cenizas), y se explotaban unos años hasta que se agotara el suelo; luego se dejaban otra vez a monte, para comenzar el mismo proceso de la quema (unos cuatro años de baldío). Más tarde, cuando ya había más tipos de abonos, se cultivaban todos los años. En principio, siendo comunales, eran trabajadas por las familias menos pudientes; más tarde se fueron haciendo privadas. Lat. cavare (cavar, excavar).

Cazalamula. Pudiera tratarse de una interpretación popular, pensando que era el lugar para coger la mula para el trabajo por temporadas. Pero, la referencia inicial podría ser otra (Pandemules, Sendelosmulos…, en otros conceyos). En realidad hay dos componentes: Caza, que pudiera ser una hondonada del terreno, a modo de cazu; y mula, que en muchos otros topónimos es una mole, una peña, un alto saliente (lat. molem, masa grande, terraplén). Sólo sería, una vaguada bajo un alto, al pie de una mole, que la voz popular fue intentando explicar en el nombre, pero a su modo (la sana inteligencia popular).

Condáu, El. Aunque pudiera referirse a posesiones antiguas de un condado auténtico, en muchos otros casos asturianos se trata sólo de una interpretación popular de dos raíces prerromanas: celta *kom- (junto a, con), más *da- (agua, fluir), caso de Daón (puerto de Ponga). Es decir, confluencia de aguas, de valles… La combinación se iría latinizando y confundiendo en *comdatum, por ser más claro el sentido de la palabra homónima ya existente en latín (comitem, *comitatum), ya en época medieval, condado.

Conquines, Les. Las cuencas pequeñas. Lat. concham (concavidad, concha), aplicada al terreno en forma metafórica, figurada. Suelen ser lugares retirados del viento, protegidos para pobladores o animales.

Cordales, Los. Un cordal es en asturiano el monte por encima del pueblo, que culmina en una línea de carbas a media altura entre los praos, las caserías cercanas, y los puertos de las brañas. Los cordales eran los pastizales del común donde salían los ganados todo el invierno: tienen escaso pasto y mucho monte bajo (érgumas, gorbizos, acebos…), pero no había otro, sobre todo cuando la yerba de los payares se iba agotando allá por febrero arriba. El cordal era el único destino del ganado en las familias más pobres. Lat. chorda (cuerda), una vez más, posible interpretación popular (imaginada, metafórica) de la raíz prerromana *kor-d-, *gor-d- (altura).

Curiyón, El. Tal vez en relación con el asturiano curullu: un picacho más o menos saliente y relevante, vistoso, que destaca en la altura. En este caso, un curullu grande o malo: corullón, curullón, curillón (por disimilación de las dos u-u seguidas); y de ahí al yeísmo: Curiyón. Raíz prerromana *kor-, *kur- (roca, monte), sufijo diminutivo, despectivo –ullum.

Encorceyaes, Les. En realidad las encrucijadas: cruces de caminos, de valles, direcciones…, muy señaladas siglos atrás cuando los encuentros fuera de casa eran imprescindibles para darse noticias mutuas sobre animales, personas, fincas, caza… (no había móvil, claro…). Lat. crucem (cruz), in cruce –icula (en el cruce pequeño), aplicada al paraje en forma figurada.

Faulavieya. El segundo componente, vieya, suele referirse a una calzada antigua. El primero es más difuso: tal vez, de fagus, fagum (el fruto de la haya, el fayucu). Sería el hayedo junto a la calzada vieja.

Figal Fresa, La. Lo de Figal, parece claro: las figares antes eran fruto muy apreciado por el verano arriba y otoño; suponían la merienda de casi todos fuera de casa. Lo de Fresa puede que no se refiera al fruto sabroso, sino a un participio del verbo fresar: rozar, triturar, moler… Lat. frendere (triturar, rechinar los dientes), participio frensam, fresam (triturada, molida). Sería una figar con un tipo de figos más pequeños, más granulados por dentro…

Fozaes, Les. En asturiano fozar es levantar la tierra con el fociu, aplicado sobre todo a los xabalinos, los gochos (antes siempre libres por los castañeros, los montes…). Todos ellos dañaban mucho las praderas; y, antes, cuando las tierras eran sembradas fuera de los pueblos, los xabalinos las destrozaban en ocasiones, y en unas zonas más que en otras, por las pequeñas cebollinas y raíces a las que son tan aficionados. Lat. fodere, *fodiare (cavar).

Goroyón, El. En asturiano un gurullu, gorollu, es un bulto, hinchazón, abultamiento; y gorullón se dice de algo que se deshace en trozos duros, que esgorolla. Tal vez, de la raíz prerromana *kur-, *gur- (roca), luego aplicado a algo duro sin más, un alto con piedra.

Goyón, El. Podría tratarse de un aumentativo de Goyo, el nombre del propietario. Lat. Gregorius. Cabrían otras posibilidades por interpretación popular para llegar al mismo resultado homónimo.

Guariza, La. Una guariza, güeiriza, bueiriza…, es en asturiano un pasto comunal (ahora fincas privadas también), que se acotaba como pasto de los bueyes, y del ganado bovino que debía ser mejor atendido (para el trabajo, para la recría y la venta, para la leche…). Lat. bovem (buey, ganado bovino).

Inxilina, El Campón de la. Tal vez el nombre de la propietaria: Anxelina

Llamacorcera. En asturiano, una llama, tsama…, es un lugar muy húmedo, llamarga casi. Voz prerromana *lama (terreno pantanoso, ciénaga). El segundo componente puede referirse a su frecuencia de corzos en el lugar: sesteo, pasto, cobijo....

Llanoscubes. El primer componente es claro. El segundo pudiera referirse a hondonadas del terreno, pozas, en semejanza a verdaderas cubas en sentido figurado (El Puerto Cuba en Picos de Europa, La Cuba, La Cubietsa…). Lat. cupam (barrica de madera).

Lluilda, La. Voz rara, tal vez en relación con el asturiano lleldar, tseldar: levantar la masa fermentada del pan con el furmientu. Tierra en pendiente, levantada. Lat. levare, *levitare (levantar).

Madrada, La. Muchos lugares en relación con la madera (lat. materia), o con la madre (el nacimiento del agua). Lat. mater (madre, mismo origen de la materia y de la madera). Algo que está en el origen, nacimiento, producción de algo. Milenaria (preciosa y precisa) conexión, por tanto, entre madre, materia y madera: hasta no hace muchas décadas todavía (no digamos ya dos mil, diez mil, cincuenta mil…, años atrás), la materia para casi todo tipo de construcción manual estaba en la madera (la madre de todo), al lado de la piedra también. Ya en el indoeuropeo, simplemente, *m-r-t-, luego *mart-, *matr- (raíz, matriz, origen).

Mogote, El. En asturiano, un mogote es un morro saliente, un montón de algo relevante respecto al contorno, un nudo apretado. Prerromano *m-k-, *mokot- (puntiagudo).

Nieta, La. En principio, nada tiene que ver con los nietos y las nietas: simplemente, la etimología popular transformó el adjetivo nítida (suave, transparente, brillante, del lat. nitidam), en otra voz con un diptongo inicial, tónico que no le pertenecía por naturaleza (se diptongó una i larga por analogía tal vez con la misma voz más familiar y etimológica, nieta). En uso toponímico, puede referirse a un paraje soleado, despejado, nítido… O al agua. El Nietu está en Sotrondio también.

Poyas, El Cantu las. En asturiano un poyu, puyu, es un pequeño asiento; empoyase, encaramarse en un alto. Lugares relevantes, salientes, desde los que se vigila bien el contorno. Lat. podium (podio, altura).

Regañones, Los. En asturiano, regañar, arregañar, es el aspecto de la fruta cuando raja, le salen pequeños riegos. Aplicado al terreno, pueden ser regatos, valles, vaguadas, riegas… Raíz prerromana, *reik- (riego, curso de agua), latinizada en regus, regi (riego). Serían riegos grandes aquí, o malos…

Sabil, La Peña’l. Existe el antropónimo Sabilio, tal vez por variación de Sabinio.

Sarna, El Güertu la. Eran espacios acotados para aislar el ganado que tenía sarna, de forma que no contaminara a las demás reses. Solían estar cerca de los ríos: se alimentaban con ramas, segao…, y si sanaban, se sacaban de nuevo al campo; las reses que morían se tiraban directamente al agua del río (en época de abundancia), o se enterraban, si el regueru bajaba escaso. Latín hispánico, de raíz prerromana, sarna.

Soltuertos, Los. De tuertos (torcidos): se aplica a terrenos ondulados, a regueros que dan muchas curvas, a caminos que serpentean… Lat. tortos (torcidos). Sería ‘debajo de los… torcidos, retorcidos…’. En un principio, sería *Soltuertu (debajo del torcido), y luego se aplicó a todas las fincas en plural.

Xincuete. Hay un americanismo, xincuete, chincuete, con el significado de ‘faja de las muyeres para la cintura’. Tal vez, algo anecdótico, reciente…