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Entrevista a Llorenç Prats

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2013 8:51 por La Ponte   [ actualizado el 19 nov. 2013 10:41 ]
Llorenç Prats es profesor titular de Antropología Social de la Universidad de Barcelona. Profesor, coordinador de proyectos y miembro del Consejo de Estudios del Master en Gestión del Patrimonio Cultural. Profesor invitado a diversos masters, cursos de posgrado y seminarios sobre patrimonio cultural y turismo, de universidades españolas y extranjeras. Evaluador externo de varias revistas especializadas e instituciones científicas. Miembro del comité editorial de la Biblioteca de Dialectología y Tradiciones Populares del CSIC, de la Red de expertos del Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio (Andalucía), de la Red Iberoamericana para el uso turístico responsable de los recursos naturales, del Grupo de Investigación Consolidado de Análisis territorial y desarrollo regional y exmiembro de la comisión ejecutiva de la Junta de Museos de Cataluña. Antiguo presidente de la Asociación Catalana del Patrimonio Etnológico (1990-1993). Coautor y redactor del proyecto del Ecomuseu del Valls d'Àneu, premio nacional de cultura popular 1994. Premio “Xarxa” de Ensayo 1987 por “El mite de la tradició popular”. Autor de diversos proyectos turístico-patrimoniales y culturales, y de numerosas publicaciones sobre patrimonio, turismo, historia de las ideas científicas y las bases simbólicas de la identidad.

Recientemente ha visitado Asturias, para participar como ponente invitado en las Primeras Jornadas sobre Patrimonio Cultural que la La Ponte-Ecomuséu ha organizado en Villanueva de Santo Adriano los días 6, 12 y 13 de abril, con la colaboración de la Fundación Valdés-Salas, la Universidad de Oviedo, la UNED-Asturias y el Ayto. de Santo Adriano.

Desde La Ponte surgió la propuesta de realizar una entrevista colectiva a Llorenç, en la que han participado asistentes y ponentes de estas Primeras Jornadas, que se desarrollaron bajo el título: Patrimonio Cultural frente a la crisis: ¿más Estado, más comunidad, más mercado?

El título de la charla impartida por Llorenç el día 6 de abril de 2013 fue: “Patrimonio, turismo y participación social”. Se celebró a continuación un interesante debate en el que surgieron muchas preguntas, pero, como siempre suele ocurrir, otras se quedaron en el tintero. Gracias a la amabilidad de Llorenç para respondernos podemos recuperarlas en el marco de esta entrevista participativa.

¿Qué conoce usted de Asturias? ¿Qué impresión tiene del Principado como destino turístico? ¿Y de los Valles del Oso?

Conozco Asturias únicamente como turista, turista recurrente, pero turista al fin, lo cual implica necesariamente una cierta superficialidad, aunque, como antropólogo, no puedes dejar de fijarte en ciertos detalles que tal vez a alguien menos acostumbrado a observar, profesionalmente, le pasarían por alto o no le llamarían la atención. Es curioso que, al responder esta pregunta, me doy cuenta de que tengo una visión de Asturias muy fragmentada: los Picos de Europa por una parte, la Costa Occidental, los Oscos, Oviedo, Gijón, Avilés menos, parte de la cuenca minera y quizás Llanes. Este sería aproximadamente mi peculiar mapa de Asturias. No conocía los Valles del Oso y cuando me pregunto por qué, pienso que muy probablemente se deba a un rechazo del tópico evidente, una especie de elitismo turístico, como quien dice “¿qué se me ha perdido a mi yendo a avistar osos imaginarios por la montaña como un imbécil?”

Todo esto se relaciona con mi impresión sobre el Principado como destino turístico. Tengo la sensación –sólo la sensación, porque no tengo datos para corroborarlo más allá de mis observaciones turísticas- de que Asturias, como destino turístico, se ha quedado en la ciertamente afortunada imagen promocional del “paraíso natural”, pero que, detrás de ella, no hay un destino turístico articulado, sino productos diversos, aquí y allá, sin una planificación de conjunto. Desde Taramundi, Bulnes no existe, por ejemplo, y viceversa y casi osaría decir que, salvando las distancias, sucede lo mismo entre Oviedo y Gijón. No es un caso raro, por desgracia, ahí tenemos mucho que aprender de los franceses.

Nos comentaba en su charla que el turismo no tiene por qué transformar las culturas e identidades de las poblaciones que habitan un territorio, pero en Asturias observamos que sí imprime cambios importantes en las prácticas económicas. Si los hijos de los campesinos se convierten en recepcionistas de hotel ¿no supone esto una alteración de las culturas y las identidades locales? ¿Puede realmente preservarse una identidad cultural frente a los cambios que parece traer el turismo? En Asturias tenemos un turismo que sólo se concentra en los meses de verano ¿cree que es posible que se desestacionalice a través de una oferta de turismo cultural?

Vayamos por partes. Cuando digo que el turismo no invade nuestras culturas, nuestra forma de vida, me refiero a los propios flujos turísticos y su actividad. El turismo es, por definición, superficial, los factores “ocio” y “temporalidad” son definitivos en este sentido, sino ya no estaríamos hablando de turismo, sino de trabajo de campo, en cualquiera de sus acepciones. Por tiempo y actitud lúdica el turista consume una versión ad-hoc y simplificada de los lugares y las poblaciones que visita, u los productos turísticos, cuando se conciben como tales, son escenografías y representaciones para el consumo de los visitantes. Es un intercambio comercial.

Otra cosa es la progresiva sustitución de determinadas actividades económicas por los servicios turísticos. Esto es lamentable en el sentido de que el turismo se convierte en muchas zonas (no sé si en Asturias) en una especie de “monocultivo”, lo cual representa siempre un empobrecimiento en las expectativas personales, da igual si hablamos de turismo o de minería. Lo ideal es que las oportunidades de trabajo sean diversificadas, pero claro, cuando, por obra de la globalización económica, y en nuestro caso de las directrices de la Unión Europea, la agricultura, la ganadería, la pesca, la minería y la mayoría de sectores industriales dejan de considerarse competitivos, nos vemos abocados a sobrevivir de lo que se puede. No sé si es peor el turismo o el panorama que ha dejado la abusiva generalización de tempranas prejubilaciones en la cuenca minera. Claro que esos fenómenos alteran la cultura, las formas de vida, la visión del mundo, de la población, pero eso no es atribuible al turismo, como tal, sino a una dinámica económica perversa y generalizada. Incluso podría decirse que un sector turístico bien organizado (que es algo que no existe en ninguna parte) podría estimular una cierta recuperación integral del país y fomentar la innovación en muchos casos. Pero el turismo es ante todo una actividad privada, un negocio, y el beneficio prima por encima de cualquier otra consideración.

¿Se puede vivir de un turismo estacional? ¿Quién? Los propietarios de los establecimientos seguramente sí porque reducirán los costes al máximo (incluidos los salarios del personal) y maximizarán los márgenes de beneficio. Conocí un hotel familiar en Suances (Cantabria) cuyos propietarios vivían cómodamente todo el año con los beneficios obtenidos en la temporada de verano. Si hablamos de grandes cadenas aún más, porque compensan unas zonas con otras y ajustan la oferta (reducción de plantillas, por ejemplo) con una gran precisión. Ahora bien, los trabajadores del sector turístico, las pequeñas empresas… difícilmente pueden vivir de un turismo estacional sin complementar esta actividad con otros ingresos. En Cataluña, hace unos años (no sé si aún se practica) muchos jóvenes de la zona de Lérida trabajaban en verano como camareros en Salou y en invierno como pisteros o monitores en la estación de esquí de Baqueira. Si eres joven, un año o dos hasta puede ser divertido, pero no es una forma de vida sostenible. El problema, nuevamente, no es el turismo, sino el funcionamiento del mercado y la propiedad. ¡Deberíamos tener empresas de actividades turísticas y hoteles cooperativos! ¿Por qué quienes viven bien del turismo son tan sólo accionistas y propietarios, a veces anónimos, otras perfectamente conocidos, da igual?


Llorenç Prats participando en las Jornadas de Santo Adriano

En Santo Adriano ha compartido experiencias con la Asociación Sociocultural La Ponte, un pequeño grupo de vecinos que lidera un proyecto local de activación patrimonial, ¿qué opinión le merece este tipo proyectos frente a las propuestas macro? ¿Cree que el patrimonio cultural del Valle del Trubia puede convertirse en un valor añadido para una zona que no termina de despuntar como destino turístico?

Para empezar, ese tipo de proyectos merecen toda mi simpatía y solidaridad. Suelen tener muchas dificultades para salir adelante. Yo, de hecho, sólo veo dos caminos: la escala, que implica un gasto mínimo para obtener unos ingresos bajos pero suficientes para subsistir, o la creación de un destino turístico (un subdestino dentro del destino mayor que sería Asturias). Esto implica disponer de una adecuada infraestructura de alojamiento y restauración (mi experiencia en este sentido fue buena, pero habría que preguntarse si es suficiente), unas comunicaciones adecuadas, que, a mi entender, para el tipo de turismo que puede atraer Asturias están bien y unos atractivos turísticos, unos productos, suficientemente auténticos, singulares y relativamente variados como para “entretener” a los visitantes. A esto habría que añadir un comercialización adecuada al público objetivo (seguramente a través de Internet, de una o varias –en red- páginas Web 2.0) y una promoción eficaz (seguramente también a través de las redes sociales, de una presencia activa en Facebook y Twitter por lo menos). Pero ¡cuidado! Primero hay que tener los distintos productos bien dispuestos y en red, de forma que el destino o subdestino esté en condiciones de acoger a los visitantes. No podemos vender destinos ni productos que aún no existen o que están a medio hacer.

¿Cuáles cree que son los pasos que podría/debería seguir una iniciativa social-comunitaria para llevar a cabo un proyecto de desarrollo social, cultural y económico a nivel local? ¿Y quiénes son los agentes que deberían estar implicados? ¿Cuál debe ser el papel de los expertos en un proceso de estas características y más concretamente el de los antropólogos? ¿Y el de los legos?

Entiendo que cualquier iniciativa de ese tipo debe partir de los agentes y que los agentes son principalmente los emprendedores implicados, ilusionados, dispuestos a llevar adelante una empresa común en este campo. Utilizo el término “emprendedores” con plena conciencia, no es que me haya contagiado del eufemismo político-mediático que de la noche a la mañana ha convertido a los “empresarios” en “emprendedores”. No, estoy hablando de emprendedores refiriéndome a personas, individuales o en grupo, que están dispuestos a invertir su capital (aunque sea únicamente un capital humano, su fuerza de trabajo) en crear, conjuntamente con otros emprendedores, los distintos productos e infraestructuras que van a configurar el destino. No con la idea de que todos trabajen en todo y el valle se convierta en una macrocooperativa, sino más bien (porque es más viable), con la idea de que cada cual trabaje en lo suyo, pero planificadamente y coordinadamente, de acuerdo con unos estándares fijados de modo colectivo. No creo que haya otros agentes (y en todo caso más vale andarse con cuidado) más allá de aquellos que quieran vivir en el valle y dignificarlo, también como destino turístico, incluso los que no se dediquen directamente a la actividad turística pero que puedan prestar otro tipo de servicios y de producción de bienes necesarios para el funcionamiento del destino turístico.

En los tiempos en que vivimos, pienso que de la administración se puede esperar-pedir facilidades y tal vez alguna línea de subvención o de acceso a créditos blandos. Pero no es la administración quien debe encabezar un proyecto de estas características, sino los propios interesados en vivir y ser felices en el valle.

¿Qué acciones considera prioritarias para un proceso de activación patrimonial?

Deberíamos partir de la idea de que existe una decidida voluntad e interés por parte de los distintos agentes implicados y que la administración local y la población –en general- lo ven bien, o, por lo menos no existe una oposición significativa en este sentido. Si esto no se da, lo primero que se debe hacer es hablar, hacer pedagogía de la iniciativa e intentar conseguir este clima de consenso. Sin él, aunque sea por consentimiento pasivo, sería un suicidio y una contradicción seguir adelante.

Si disponemos de unos agentes motivados y dispuestos y de una complicidad, más o menos entusiasta, por parte de la administración local y la población, el principal instrumento y que debe guiar todos nuestros pasos es el proyecto, que, en el caso al que nos referimos podría tomar la forma de un plan director. Este proyecto tiene una primera fase diagnóstica, muy importante, a partir de la cual se pueden plantear, a modo de hipótesis, los objetivos generales y particulares y las estrategias, tanto para superar nuestras debilidades y amenazas que podamos detectar, como para aprovechar nuestras fortalezas y las oportunidades que se puedan producir (por expresarlo en terminos DAFO), como para dotarnos de los medios necesarios para alcanzar nuestros objetivos, de una forma progresiva, desde la optimización de los recursos disponibles a la obtención de otros necesarios (financiación, por ejemplo), la definición de publicos y el estudio de viabilidad (incluyendo un presupuesto realista), el plan de comunicación, etc.

Este proyecto debería dar paso a una priorización de las actuaciones que ya requerirían de sendos proyectos ejecutivos, previendo hasta el detalle intervenciones, materiales, costes, etc. y, finalmente, deberían diseñarse para el conjunto del proceso, pero especialmente para medir correctamente los resultados, sistemas de control y evaluación.

Todo esto puede parecer muy complejo, pero, en el fondo , si bien es laborioso, es tan asequible como necesario, sólo hay que tener en cuenta algunos principios básicos, como no engañarnos a nosotros mismos ni dar nada por supuesto y aplicar siempre la imaginación creativa pero realista. Sin proyecto, o con un proyecto deficiente, cualquier activación patrimonial se despeña casi irremediablemente, desgraciadamente hay muchos ejemplos.

En la charla que impartió en Villanueva de Santo Adriano habló brevemente de un concepto museológico, los economuseos, y citó a uno de los creadores de esta idea, Cyril Simard, quien los define como instituciones en las que "el patrimonio se gana la vida". ¿Podría explicarnos con un poco de detalle el significado de esta cita?

La noción de economuseo de Simard se relaciona estrechamente con el concepto de patrimonio vivo, es decir, todas aquellas prácticas, artesanías o industrias tradicionales que subsisten en un determinado territorio y pueden conllevar una atracción turística. Se relaciona también estrechamente con la idea de productos de proximidad y de conservación del paisaje cultural. La idea consiste en integrar en la oferta turísticopatrimonial de un territorio tanto la conservación del paisaje natural y construído como las colecciones de objetos, lugares y manifestaciones patrimoniales con las actividades económicas propias del lugar que añaden a su interés comercial el valor añadido que representa el patrimonio en particular y en general (el entorno). Por tanto, propone una interacción entre los elementos estrictamente patrimoniales, el contexto ecológico y las actividades económicas tradicionales, ya sean de carácter agropecuario, artesano o industrial. Es una visión global e interactiva del patrimonio por la cual se propone que éste, en su conjunto, incluyendo las actividades productivas, se convierta en un factor de desarrollo. Es importante señalar la necesidad de la transmisión de los conocimientos tradicionales en este proceso (incluso su recuperación cuando, planteados a pequeña escala, puedan ser económicamente rentables), así como la evolución de estas mismas técnicas, siempre y cuando se pueda seguir explicando el proceso evolutivo desde sus formas más tradicionales. Yo añadiría –esto no lo dice Simard-, que no tiene porque haber ningún inconveniente para introducir nuevas artesanías, aun cuando antes no estuvieran en la zona, o nuevas industrias tradicionales, siempre y cuando mantengan la coherencia con el territorio.

En cualquier caso, como dice José Luis García, “el patrimonio son recursos para vivir” y, si se lleva a cabo un proyecto patrimonial de inspiración ecomuseística, es decir, que contempla el patrimonio al servicio de la población, creo que debe existir la posibilidad de que las actuaciones patrimoniales contribuyan a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona, lo cual no tiene porque traducirse exclusivamente, ni necesariamente, en términos monetarios.