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La Cueva del Notario (Tuñón, Asturias)

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2013 8:54 por La Ponte   [ actualizado el 26 nov. 2013 9:51 ]
La cueva del Notario se encuentra en la localidad de Tuñón, Santo Adriano, muy próxima a la cueva del Conde, de la que dista unos 50 m. La cavidad está colgada a unos 5 metros sobre la carretera As-228, en un escarpe totalmente vertical.

En el año 2006 se adentraba en ella un grupo de investigadores, no sin dificultad, en busca de nueva información arqueológica, ayudándose de cuerdas, arneses y demás accesorios. El acceso original quedó perdido para siempre durante la realización de las obras de mejora de la calzada (razón por la que en la actualidad es tan complicado entrar). Fue a principios de los años 90, momento en que este mítico lugar estuvo a punto de desaparecer de no haber sido por las denuncias de los vecinos de Tuñón, que se sorprendían al ver cómo la maquinaria avanzaba hacia la pequeña gruta sin vacilar, sin tener en cuenta el valor que aún tenía dentro del imaginario colectivo local. Finalmente se introdujo una ligera modificación en el trazado de la carretera y la Cueva del Notario se salvó.

Accediendo a la cueva

Durante la visita descrita se pudo constatar que este pequeño covacho no alberga en su interior ningún tipo de "cultura material" (término utilizado para referirse a evidencias de carácter arqueológico: restos de vasijas cerámicas, útiles de piedra tallada, arte parietal, etc...). A pesar de su cercanía a uno de los yacimientos más emblemáticos de Santo Adriano (la Cueva del Conde o del Fornu, donde se encuentran niveles de ocupación del Paleolítico Medio y Superior). Nada de valor especial se conservaba en la Cueva del Notario, razón por la cual a día de hoy no se la puede considerar como un "yacimiento arqueológico".

La cueva posee dos galerías principales. La primera de ellas, situada más al sur, tiene un desarrollo de unos 4 m. de longitud desde la boca, para quedar posteriormente colmatada. La otra, situada al norte, tiene escaso desarrollo, aproximadamente 1 m. El vestíbulo de la cavidad tiene unos 2 metros y medio de longitud por unos 2 m. de anchura. La boca posee una altura de unos 3m y está orientada al oeste. En la cavidad se encuentran gran cantidad de pequeños cantos rodados cuyo tamaño no suele sobrepasar los 5-8 cm., que podrían ser parte del sedimento acumulado durante la formación del karst, que con el tiempo se habría erosionado, destacando estas partículas de mayor tamaño.

Interior de la cavidad

A pesar de la falta de resultados arqueológicos, quienes se adentraron en El Notario en 2006 sintieron que algo especial se guardaba aún en el interior de esta gruta. Recordaron entonces aquellas historias que sus abuelas les contaron. Palabras y frases sueltas que, poco a poco, y hurgando en la memoria, van hilando una historia: "el notario de Tuñón", "los señores de la Casa de Prada", "casados a escondidas por amor", "muertos en una cueva, a sangre y fuego"... Un relato de rasgos legendarios, que habla de otros tiempos, de otra época, de otras leyes, que nos recuerda el lugar de donde somos y que las injusticias han existido siempre y siempre han sido injustas.

Al salir de allí el equipo de arqueólogos se quedó con un sabor agridulce. Por un lado, el trabajo estaba hecho, no había yacimiento, ni nada con valor material en El Notario. Pero por otro sabían que en la cueva permanecía guardada una parte de nuestra herencia cultural, en este caso inmaterial (ese patrimonio que no puede tocarse, ni siglarse, ni exponerse tras una vitrina). Porque, aunque las leyendas permanecen vivas gracias a las personas que las recuerdan (cada vez menos "gracias" a la televisión), no pueden reproducirse si les falta el atrezzo donde ubicarlas, en el que encuentran su sentido, ese espacio colmado de significados que denominamos "paisaje". En él se encuentran las claves para entender el pasado y sin él no hay soporte sobre el que continuar escribiendo nuestra historia. Por eso cuando se quiere eliminar la memoria de cualquier grupo humano, lo primero que hay que hacer es transformar su paisaje, al hacerlo se pierden las referencias y se olvida todo aquello que permanece anclado a ellas. No hay formula más efectiva de resetear cualquier cultura que destruyendo su "mapamundi" local.

Por todo ello nos alegramos de que la cueva del Notario se haya conservado. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, podemos leer este texto que a continuación reproducimos y sentir la emoción de haber estado en el lugar en que estos hechos, casi legendarios, tuvieron lugar.

Moraleja: no sólo tienen valor los lugares en los que encontramos "cosas", "objetos" del pasado, sino también aquellos que continúan siendo hitos o referentes en nuestro paisaje cultural.

La Cueva del Notario en las fuentes contemporáneas

Reproducimos a continuación una versión de la leyenda de la Cueva del Notario recogida en la extensa obra que publican a principios del siglo XX O. Bellmunt y F. Canella, titulada "Asturias" -que puede ser considerada la primera enciclopedia temática de esta tierra. En ella encontramos muchos textos escritos por personajes destacados del momento, como en este caso, de Alejandro Pidal y Mon.

El texto se desarrollaría sin duda a partir de los datos que aportaría la rica tradición oral, aún muy viva a finales del siglo XIX, aderezados después con ingredientes literarios y giros que le dan el toque de erudición buscado por el autor, para marcar esa distancia entre el relato "vulgar", desnudo y parco en detalles y esta versión más culta.

El tipo de texto que nos encontramos aquí se corresponde con un momento de nuestra historia en que la alta escritura era todavía privilegio de nobles y aristócratas. Desde tiempos de Jovellanos el interés por la historia local y las clases populares se esgrimía precisamente como parte del repertorio de dignidad de los estamentos más destacados de la sociedad: ¿quién mejor para escribir la historia del pueblo más humilde, que sus elites dirigentes? No dejaba de tratarse de una sociedad fuertemente fragmentada desde el punto de vista social, condicionada por los esquemas clásicos de la evolución cultural, en los que lo "europeo", y concretamente la alta burguesía que se consideraba guarda y repositorio de la cultura occidental, se consideraban el culmen de la creación. Lo "popular" se trataba como algo "exótico", más cercano a la "barbarie" que a la "civilización", y su estudio se abordaba como cualquier investigación sobre "salvajes" de las tierras de ultramar.

Fueron muchos los nobles, aristócratas y miembros de la alta burguesía que recopilaron o pusieron en marcha algún tipo de investigación de rasgos etnográficos. Los cierto es que, aún con el marchamo de ese sesgo clasista que los caracteriza, no dejan de ofrecer información muy interesante para la investigación, tanto por el contenido de los datos que aportan, como por el propio proceso y el contexto en que se realiza este tipo de trabajo.

Con el ánimo de contribuir a conocer un poco mejor esta parte de nuestra historia local colgamos el texto recogido en la enciclopedia Asturias, para hacerlo accesible a todos los que compartís con nosotros el interés por la historia de este pequeño concejo que es Santo Adriano.

Que lo disfrutéis.

Ref. bibliográfica:

A. Pidal y Mon. "La Cueva del Notario". En Asturias: su historia y monumentos, bellezas y recuerdos, costumbres y tradiciones, el bable, asturianos ilustres, agricultura e industria, estadística / obra dirigida por Octavio Bellmut y Traver y Fermín Canella y Secades ; con la colaboración de distinguidos escritores asturianos. Tomo I. Gijón, 1894-1900, pp. 364-365.

LA CUEVA DEL NOTARIO

Agitábase aún bajo la poderosa planta de los Reyes Católicos la hidra del feudalismo español, ya moribunda, cuando las quebradas montanas del Principado de Asturias fueron teatro de una de las más sangrientas escenas, que dieron jamás en espectáculo al mundo los hombres de hierro que florecían en aquellos tiempos de alteración y revuelta. Postrer adiós dado sin duda á aquellas breñas por las costumbres que á su sombra y amparo se habían desarrollado y, que terminada su misión guerrera, dejaban el puesto á otras más en armonía con las ideas de orden y justicia que llevaba en su seno la magnifica institución de la monarquía. Parto glorioso de gestación tan trabajosa.

No fué, por cierto, fratricida lucha de raza ni de clase la que así vino á turbar con sus guerreros ecos el silencio de las dilatadas vegas que surcaban la cuna de la reconquista española, pues cuando el peligro aprieta, cerniéndose, ya sobre una institución, ya sobre una familia, los hasta entonces divididos miembros se unen y traban con los estrechos lazos de la común desgracia, para oponer así mayor resistencia al general enemigo y universal contrario. Y, alzábase ya fuerte y poderosa la diestra del monarca, en los tiempos á que nos referimos, para que el noble pensara en guerrear con el noble, ni el perlado con el perlado. Antes por el contrario, unidas las huestes, volvían los fierros de sus lanzas contra las milicias de los concejos y gente del estado llano, asiento y escabel sobre que se elevaba la autoridad real para decretar su destrucción y ruina. Y es fuerza confesar que no iban en ello del todo descaminados, pues viendo los plebeyos cerrado casi para ellos el camino de las armas, hubieron de abandonarlo algunos por completo, para emprender el menos preciado de las letras, creando así el tipo del letrado, que tan fatal había de ser más tarde al feudalismo, y tan favorable en demasía al poder y á la autoridad del monarca. Y tanto es así, que entre un caballero de ilustre familia y un letrado, deudo suyo, tuvo lugar la sangrienta escena que referir nos proponemos.

II

Como las dos de la madrugada serían, cuando á la cárdena luz con que los relámpagos iluminaban el valle y la montaña, que cercan el lugar de Prada, veíase descender desde el castillo feudal que coronaba la cima del monte hasta el comienzo de la vega, una unida cabalgata , compuesta de homes de armas, y á cuya cabeza marchaba el valeroso D. Diego Vázquez de Quirós, Señor de horca y cuchillo; cabe él y en poderosos corceles caminaban sus hermanos D. Alonso y D. Andrés, vástagos todos de la misma casa y familia.

Casa fuerte de Prada, localizada entre las aldeas de Proaza y Villanueva. Todavía conserva una de las torres laterales que formaban el cuerpo principal del edificio. La otra torre y el espacio central que las comunicaba se arruinaron a mediados del siglo XX. El edificio que se ve a la izquierda es la antigua capilla de S. Blas. Aunque Pidal y Mon se refiere a los hermanos Vázquez como "de Quirós" (por ser descendientes de los Bernaldo de Quirós), su solar era el de "Prada", y su apellido "Vázquez de Prada" (fuente de imagen: http://www.asturnatura.com/turismo/casa-de-los-vazquez-de-prada-de-proaza/2589.html).

-Por mi vida, que me las ha de pagar el tal Notario, -exclamaba enfurecido D. Diego.

-Poca es su sangre para lavar tal ofensa -murmuró D. Alonso.

-Poca ó mucha, por Días, que la he de verter toda, -respondió D. Diego.

Y en tan sangriento diálogo entretenidos, fueron perdiéndose poco á poco por entre las espesas sombras de la noche y las corpulentas hayas de los campos.

III

Dejémosles carminar meditando en su sanguinaria venganza, y trasladémonos al concejo de Sto. Adriano y en el interior de una mezquina choza.

Al pié del fuego que ya estalla en mil lucientes y brillantísimas chispas, como se alza ondulante y sereno, símbolo exacto de la suerte del hombre, que así se revuelve en agitadas convulsiones, como se levanta tranquilo de su postración y abatimiento, duermen tranquilos nueve paisanos provistos de ballestas de caza y bien afiladas jaras. Y allá, en el fondo de la cabaña, apuran juntos las primicias del amor, el Notario Tuñón y su mujer Elena Vázquez, recién casados contra la voluntad de su familia, y huídos de su casa para la celebración del matrimonio. Un enorme mastín duerme enroscado á los piés de los amantes.

Silbaba el viento al rededor de la choza con sin igual coraje, cuando levantando lentamente su pesada cabeza, lanzó el corpulento mastín un dilatado ladrido que resonó en toda la choza.

-Calla, Leal -exclamó el notario golpeando con el pié á su vigilante custodio.

Alzó los ojos el perro, contemplando con cariño á su amo, y como éste siguiera conversando en apagada voz con su señora, tornó á sepultar su cabeza entre sus robustos brazos.

Pero de pronto, volvió á levantarse, sacudiendo sus entumidos miembros, y comenzó á ladrar con tal ahinco y furia, que los labradores despertaron espantados.

Era tiempo: un humo denso y blanquecino comenzaba á penetrar por entre las rendijas de la puerta, y á los gritos de los paisanos respondió la algazara de los bornes de armas de D. Diego, que contemplaba el progreso seguro del voraz incendio.

-Somos perdidos exclamó el notario; -y asiendo á su mujer por la cintura, saltó por una ventana seguido de su fiel mastín y los demás labradores.

Al amparo de la oscuridad profunda que todavía en rededor reinaba, pudieron, sin ser vistos, ganar la montaña y empezar á trepar por sitios inaccesibles á la caballería, ansiosos de ganar una cueva que en los flancos de la montaña se abría.

Cercanos á su tortuosa entrada se hallaban cuando la blanca columna de humo que de la choza se alzaba, trocóse de repente en deslumbradora columna de fuego que derramó vivísima claridad en todo el valle y destacó el temeroso grupo de entre las sombras que velaban la escarpada roca.

-Por mi nombre, que se nos huyen,-exclamó D. Diego, clavando sus acicates de acero en los ijares de su corcel.

-¡A ellos, á ellos!,-gritaron D. Andrés y don Alonso, y precedidos de su hermano y seguidos de sus homes de armas, embistieron tras de los fugitivos, que, viéndose de tal manera apretados, despidieron tal nube de saetas y de piedras, que, dando en tierra con muchos caballeros, pudieron guarecerse de la cueva, en tanto que los otros se reponían.

IV

Fortificados los unos y aprestados los otros para el ataque, comenzaron á ofenderse con armas arrojadizas y piedras, con gran daño de los sitiadores y poco de los sitiados que tras de la peña se guarecían. Pero, ganada que rué por los homes de O. Diego la altura de la Peña, comenzaron á cortar árboles y rodados hasta la entrada de la cueva, con ánimo manifiesto de renovar su intento de abrasarlos. Visto lo cual por los de adentro, comenzaron á hacer gran llanto y á confesar en alta voz sus pecados y á pedir á Dios por sus pecadoras ánimas. Bramaba el Notario, no hallando medio de salud y defensa contra el nuevo ataque que contra él se preparaba, y afligíase en gran manera al considerar la terrible muerte que le esperaba tanto á él como á su mujer y vasallos; y viendo ya el peligro tan cercano, resolvieron entregarse, para lo que Elena de Quirós salió á la boca de la cueva, y puesta sobre una gran piedra, les enderezó esta razonada plática:

-Hermanos míos, bien veis, y Dios es testigo de la sinrazón con que perseguís á mi marido y señor, pues si lo es, fué por ser así gusto mío y de Dios voluntad; mas ya que tan duramente nos perseguís y tan apercibidos para nuestro daño os veo, recibidnos en vuestro poder y mano, así como á los que á mi marido acompañan. Que Dios será servido en hacer conforme á su voluntad.

Mas Diego, su hermano, con rostro encendido en ira y coraje repuso:

-Tiempo era ya, mi señora hermana, que á vuestro hermano acudieseis, como á guardador de vuestra honra y fama; y aunque por lo liviana, bien mereciérais castigo, salid acá, que todo os será perdonado. No así al villano de vuestro marido que, si quiere salir, topar ha con los fierros de nuestras lanzas, y si no, abrasado ha de morir con los suyos, en tal manera, que ni recuerdo quede de su nombre.

-Adiós, pues, home no, mas fiera cruel y sanguinaria, repuso la valerosa asturiana; á la cueva me torno; que más quiero morir con mi marido, que vivir sin él; adiós, y que el cielo vos perdone lo que para nuestro daño tratais.

Dicho lo cual, entróse en la caverna, y elevadas las manos al Señor, murieron todos abrasados por mano de D. Diego y su hermano, que temerosos de los Católicos Reyes, huyeron de Asturias y contornos, pues su castillo fué arrasado, y solo se conserva la cueva en que fenecieron sus víctimas, cueva conocida hoy en día con el terrible nombre de La Cueva del Notario.

ALEJADRO PIDAL y MON