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Una buena SOPA de entrante (con judías... y judíos)

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2013 8:57 por La Ponte   [ actualizado el 19 nov. 2013 10:39 ]
-¿Sois del Frente Judaico Popular?

- ¡Vete a la mierda! ¿Frente Judaico Popular? ¡Somos del Frente Popular de Judea! ¿Frente Judaico Popular? ¡Disidentes!

- A los únicos que odiamos más aún que al pueblo romano es a los cabrones del Frente del Pueblo Judaico ¡Disidentes!

-y al Frente Popular del Pueblo Judaico ¡Disidentes todos!

- y al Frente Popular de Judea ¡Disidentes!

-¡¿Queeé?!

- El Frente Popular de Judea, ¡disidentes!

- ¡El Frente Popular de Judea somos nosotros!

- ¿Eeeh?, esto..., creí que éramos de la Unión Popular...

- ¡Del Frente Popular!

-¿Qué paso con la Unión Popular?

- Allí está.

- ¡DISIDENTE!


Diálogo de la película "La Vida de Brian"

Esta desternillante escena de la gran película de los Monty Python ironiza, en clave de humor y ficción, acerca de la atomización política de los frentes antiimperialistas durante la ocupación romana de Judea. Se trata en realidad de una parodia y una crítica a la sociedad del momento (1979), a la religión, al Estado, la política, y también a los movimientos de oposición de izquierdas que, tras Mayo del 68, permanecían envueltos en fuertes controversias teóricas que los mantenían divididos y sumidos en la más absoluta de las marginalidades sociales y políticas. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez rememorando este diálogo en alguna de aquellas asambleas de estudiantes que se organizaban en la facultad? Que si troskos, leninistas, anarkas... Bueno, quizá hubiese un poco de barullo, pero todo el mundo daba su opinión y participaba. Es el sino de la democracia, pues donde no hay ágoras, únicamente habla el silencio impuesto por los tiranos. Moraleja: el problema no es de la división de los frentes antiimperialistas, sino la propia existencia del Imperio.

Después de nuestra reciente participación en el I CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE EDUCACIÓN Y SOCIALIZACIÓN DEL PATRIMONIO EN EL MEDIO RURAL (SOPA 2013) celebrado en Malpartida de Cáceres los días 18, 19, 20, 21 y 22 de septiembre, hemos conocido muchos y muy variados puntos de vista sobre la socialización y educación del patrimonio cultural. Algunos de ellos afines, otros absolutamente distantes. Pero, en cualquier caso, regresamos con un buen sabor de boca, porque se han tratado aspectos que hasta hace apenas unos años no habrían sido objeto de discusión en un congreso de estas características celebrado en España. Desde luego que los participantes pertenecemos a "frentes" diferentes, pero lo importante es que juntándonos nos hemos hecho notar frente al Imperio del "no debate" en temas relacionados con la socialización del patrimonio cultural. No olvidemos, el problema no es la existencia de distintos puntos de vista sobre estos asuntos, sino su más absoluta ausencia.


Cartel del SOPA 2013

Tenemos que agradecer a los organizadores del encuentro (Sabah, Juanjo, Anibal y compañeros/as de Underground Arqueología) el tremendo esfuerzo realizado, sabemos que no es fácil coordinar a tantas personas, procedentes de lugares tan recónditos y desconocidos para nosotros como Azerbaiyán. La preocupación por poner en el centro de la discusión patrimonial a la sociedad misma constituye un punto de inflexión radical y creemos que definitivo en el hasta ahora bastante árido panorama peninsular. Por ello el encuentro ha tenido un doble interés: como espacio de debate sobre temas aún poco trabajados en este Estado, pero, sobre todo, como punto a partir del que tejer una red necesaria de colaboraciones. La plataforma nacida de este congreso (RED SOPA) es un cauce abierto para el diálogo, el intercambio mutuo de información, ideas e inquietudes, que sin duda nos continuarán haciendo más visibles a todos.

En nuestra intervención presentamos el proyecto de ecomuseo que estamos poniendo en marcha en Santo Adriano (Asturias), denominado La Ponte-Ecomuséu. Al principio desgranábamos algunos conceptos que desarrollaremos aquí para que quede clara cuál ha sido la postura defendida y el sentido que para nosotros tienen, con la intención de contribuir a madurar entre todos estas ideas de cara a próximos encuentros. Pero ¡que nadie se asuste!, se trata de reflexiones teóricas hechas desde la práctica, porque ante todo, a nosotros, y esto lo compartimos con muchos de los/as participantes en este congreso, lo que más nos gusta es remangarnos y ensuciarnos las manos con el patrimonio. Reflexionar sobre conceptos teóricos está muy bien, siempre que ello no nos lleve a adoptar poses inmovilistas o a confundirnos en discusiones estériles. En fin, la clave es reflexionar para seguir andando y no quedarnos petrificados ante la teoría más "dura" y "académica". Actuar, y si hay que equivocarse y rectificar, pues no pasa nada. El mayor error es sin duda quedarse quieto, pues mientras discutimos sobre el Frente Popular de Judea serán "los romanos" los que se muevan en nuestro lugar, relegándonos (en el mejor de los casos). Esperemos que esto no ocurra. El SOPA es la constatación de que estamos arrancando fuerte, continuemos con esta inercia.


Un momento de nuestra intervención en el SOPA 2013

Algunos temas para el debate futuro

Patrimonio cultural. Es un concepto cada vez más complejo y confuso. “Patrimonio” es algo muy diferente dependiendo de quién lo defina y por tanto podríamos decir que el “patrimonio” propiamente dicho no tiene en realidad ningún interés, no es lo importante o relevante en esta discusión. Son los “procesos de patrimonialización” la verdadera “causa” del patrimonio, el "backstage" donde se cuecen los discursos e ideologías que soporta el “producto”, que una vez puesto en escena llamamos patrimonio. Por proceso de patrimonialización entendemos un conjunto de acciones puestas en marcha por un grupo social u organización con el objetivo de apropiarse simbólicamente de una materialidad (o idea), para transformarla en repositorio, contenedor, de unos determinados valores, visiones de la realidad y discursos políticos. ¿Y quién patrimonializa? El museo es sin duda el mejor ejemplo de cómo operan en un territorio los procesos de patrimonialización. Podríamos afirma lo siguiente: “dime qué tipo de museos tienes y te diré qué tipo de sociedad eres”. ¿Y qué tipo de museos, o proyectos de patrimonialización hay en España? Pues fundamentalmente de promoción pública, es decir, dependientes del Estado, las autonomías y municipios, que son la inmensa mayoría y responden a las propias necesidades de las administraciones (tremendamente influidas por los partidos políticos), no siempre acordes con las de la ciudadana, y de hecho demasiado a menudo alejadas de ella. También hay algunos de promoción privada, dependientes generalmente de personas con un importante status económico y social que “comparten” su patrimonio con "la plebe" a través de estas instituciones (a la vez que desgravan impuestos). ¿Dónde están los museos de las pequeñas comunidades? ¿De grupos, colectivos, ciudadanos? Si algo ha quedado patente en Malpartida, siendo realistas, es que este tipo de iniciativas que podríamos denominar “micro” son aún poco frecuentes en España, aunque el SOPA es la evidencia de que algo se está cociendo.

Socialización. Este ha sido quizá un término poco discutido en este congreso y que requería de una mayor atención. Si la clave del patrimonio son los procesos, la socialización de estos procesos es un tema que debe ser central. Obviamente, si la propia definición de “patrimonio” es tan variable cabe pensar que en este caso la de “socialización” también lo es. Hemos notado que para mucha gente “socializar” es sinónimo de lo que para los poderes públicos es “acercar”, una suerte de “democracia cultural”, que va acorde con un concepto idealista del patrimonio: es algo bueno porque sí, y por tanto también es bueno mostrárselo a la gente, independientemente de lo que la gente opine: ya está el Estado-aparato partitocrático (y los técnicos y especialitas -) para decidir por todos. Atendiendo a la definición de la RAE nosotros proponemos hablar en estos casos de propuestas para la “sociabilización” en torno a un patrimonio ya definido, más que de socialización propiamente dicha. “Socialización” es para nosotros sinónimo de “apropiación” de los procesos de patrimonialización por nuevas redes de sujetos patrimonializadores, lo que implica irremediablemente la transformación del propio concepto de patrimonio. En este sentido en Malpartida hemos visto más proyectos para “sociabilizar” en torno a un concepto ya definido de patrimonio, que para “socializar” los procesos que lo crean y transformarlos. Esto no es negativo, sino la constatación de que existen puntos de vista muy distintos sobre la cuestión.

Comunidades locales. Algo que también necesita ser más debatido y aclarado. A veces nos referimos a las comunidades locales como entidades “realmente existentes” cuando en realidad se trata de un concepto generalista: equivale a hablar de sociedad, solo que variando el factor de escala. Sobre este asunto quizá quien más ha reflexionado es el filósofo francés Bruno Latour, para quien la “sociedad” directamente no existe. Lo realmente existente son redes, actores que operan aglutinándose y disgregándose permanentemente, formando “comunidades”, no solo locales, sino también globales, gremiales, políticas… los actores que las integran pueden pertenecer a la vez a redes distintas, incluso antagónicas, ir y venir. Aquí utilizamos el término “comunidades” como sinónimo de “redes” de actores. Para nosotros los procesos de patrimonialización son situaciones de hecho que pueden funcionar como atractores de sujetos, actantes que discuten, opinan, ponen en marcha sus propios procesos de patrimonialización y creación de subjetividades, necesarios más que nunca en un horizonte tendente al pensamiento único o “pensamiento 0” en palabras de I. Ramonet. El patrimonio es siempre una creación política que no se desenmascara sin oposición.

Una vez expuestas opiniones y sobre todo, dudas, defendemos nuestra idea. El patrimonio cultural es un terreno de lucha, de conflicto. Un campo de batalla que no debe ser conquistado por nadie en exclusiva y del que hasta ahora se ha apropiado en España principalmente el Estado por no existir alternativas serias a su monopolio. Un Estado-aparato tremendamente burocratizado y corrompido, que se hace añicos y que progresivamente cede su ámbito de poder a un “mercado-oligopolio”, dirigista y en expansión que apunta a una decidida privatización de estos procesos. La retórica bélica no ha de ser entendida aquí como una invitación a la lucha armada, es sencillamente retórica y tiene una intención, que es matizar el discurso “blando” de determinados sectores. Términos como “consenso” o “posibilismo” (que se utilizaron en los debates de Malpartida) son profundamente ideológicos aunque no lo parezcan, y se oponen a "ruptura", "tomar posición", "disensión", "conflicto", "política"… Hay que revelar cuál es su verdadera funcionalidad: sospechamos que quizá mantener el statu quo. Donde se dice "consenso" o "posibilismo" ¿no se está queriendo decir en realidad “aceptación”, “ocultación” de los verdaderos conflictos sociales, políticos y económicos presentes en nuestra sociedad y que se justifican a menudo a través de valores anclados al patrimonio? No puede existir un único discurso sobre el patrimonio, ni una única forma de hacer museos o proyectos de difusión. Si es así, es que estamos fallando como sociedad, que no participamos y que cedemos ante el autoritarismo del estado partitocrático y el mercado.

Por tanto podríamos resumir que para nosotros la situación ideal en un futuro no muy lejano es que aparezcan más iniciativas socializadoras del patrimonio como algunas de las que hemos visto en Malpartida, que aborden desde el inicio todo el proceso de patrimonialización en torno al que crear nuevos sujetos, discursos y productos patrimoniales, en un espacio de conflicto político donde se reconozcan los antagonismos.

En el SOPA nuestros amigos de America Latina nos aportaron su fresca visión de la cuestión, por proceder de una región donde hasta ahora el compromiso político no ha sido una opción. A este lado del charco Niquelarte, Xeitura, Xurxo Ayán... (¿SOPA o caldo gallego?) y más que quizá no pudimos ver por lo apretado de la agenda, han aportado verdaderos puntos de vista, subjetivos, propios, con los que podemos estar o no de acuerdo, pero que delimitan espacios claros de posicionamiento sobre el tablero del patrimonio: es importante adquirir esa conciencia de dónde estamos, para saber hacia dónde podemos dirigirnos.

Algo está cambiando, desde luego, y Malpartida ha sido un excelente punto de encuentro del que saldrán nuevas y necesarias redes que esperemos hagan visibles los conflictos sociales y políticos que los procesos de patrimonialización actuales/oficiales contribuyen a mantener ocultos.

Gracias a todos los que habéis compartido durantes estos días vuestras ideas, opiniones e inquietudes con nosotros.

Esta SOPA nos ha encantado, ¿qué hay de segundo?

Cristina López, Jesús Fernández y Pablo Alonso